Parecía que el verano se resistía a dejarnos, con temperaturas muy agradables en pleno mes de Noviembre… Pero llegó Diciembre, y los grados fueron bajando poco a poco hasta que nos ha vuelto a visitar la famosa “ola de frío Siberiana”.
Toda la Península ha sufrido el latigazo congelador. Ciudades y pueblos de los cuatro puntos cardinales, se han visto cubiertos de una capa blanca de nieve. En algunos casos, más espesa que en otras…
Este hecho lo pude comprobar personalmente en mi pequeño período vacacional, en el que he aprovechado para hacer un viaje relámpago a Madrid, cargado de “emociones”.
Partía hacia la capital el lunes 14. La Agencia Estatal de la Meteorología, AEMET, alertaba de la llegada de ese frente polar a la Península, con el consiguiente descenso brusco de las temperaturas, acompañado por la llegada de la nieve.
Con ese mensaje rondando mi cabeza, tomo el vehículo y acompañado, emprendo la ruta desde Almería, donde lucía un sol espléndido. Conforme voy haciendo kilómetros y me acerco a la provincia de Granada, el cielo empieza a tornarse en un gris oscuro, que en algunas zonas se transforma en negro. La temperatura exterior del vehículo, comienza a bajar…
En las proximidades de Guadix, comienzan a hacerse realidad los avisos de AEMET. Tímidamente comienza a nevar. Paramos para repostar por la zona y la sensación térmica es evidente: “hace un frío que pela!!”. La chica que nos atiende en la estación de servicio nos comenta que la nieve está dificultando algunos accesos a Madrid.
En esos momentos, pienso en que no llevo cadenas para las ruedas del coche. Y es que para los que vivimos en Almería capital, el llevar unas cadenas en el coche, es como el que se lleva un ventilador al Polo Norte. Sabes que no tendrás ocasión de utilizarlo, a no ser que de forma sorprendente, tengas que hacerlo.
La chica de la gasolinera, nos avisó del precio y nos recomendó adquirirlas en algún centro comercial de camino a la capital. Nos saldría más económico. Algo que es de agradecer, como habréis pensado más de uno.
Volvemos a emprender la ruta y la nieve nos acompaña durante todo el trayecto hasta alcanzar la Autovía de Sierra Nevada, A-44, dirección Jaén.
Al alcanzar Despeñaperros, comienza a verse un fino “manto blanco” que nos va a acompañar hasta finalizar nuestro trayecto. Conforme nos adentramos a la Comunidad de Castilla la Mancha, y más concretamente en Ciudad Real, la capa de nieve es más espesa sobre la meseta. La imagen es espectacular. Todo a nuestro alrededor es de color blanco. Es de postal.

Mientras van disfrutando de la vista excepcional sobre la calzada, el subconsciente te alerta de que la cosa pinta fea en los siguientes kilómetros. Según vamos avanzando nos encontramos un panel informativo que nos avisa de que hay un tramo de la A-4, la carretera que une Madrid con Andalucía, o viceversa, se encuentra cortada por nieve y que hay máquinas que se encuentran esparciendo sal en la vía. También anuncia la prohibición de camiones, y la circulación de vehículos con cadenas.
En ese momento, recuerdo en un “Flash Back”, el aviso de la chica de la gasolinera de Guadix. La urgencia en ese momento, para evitar males mayores, es buscar unas cadenas.
Fuimos parando en cada una de las áreas de servicio hasta llegar a Manzanares y en ninguna de ellas, quedaban cadenas. La preocupación reinaba dentro del vehículo. La intensidad de la nevada, aumenta por momentos y los arcenes de la A-44, comienzan a cargarse de nieve.
La precaución es máxima, sobre todo, porque llega un momento donde no se ve circular ni delante, ni detrás, ni en el carril contrario tampoco a ningún vehículo… Llegas a pensar que eres el único que circula en esas circunstancias y que poco a poco te vas a meter en “la boca del lobo”.
Todos los presagios se empiezan a hacer realidad. Avanzar es tentar a la suerte y viendo que todos los camiones y turismos que circulaban en ambos sentidos han decidido parar en áreas de servicio y gasolineras, decidimos parar en Manzanares.
El panorama es el siguiente: estacionamos el vehículo en el aparcamiento de un centro comercial, que se encuentra abarrotado de camiones de gran tonelaje. También hay muchos turismos que han hecho la parada necesaria para poder hacerse con unas cadenas que les pueda ayudar a seguir su ruta sobre la “vía de nieve”.
Rápidamente nos vamos a la “caza de las cadenas”. Dentro del centro comercial, la escena representa a la “angustia personificada” en el cerca de la treintena de personas que buscamos de forma desesperado la misma herramienta antideslizante. Incluso en algún momento, veo algún forcejeo entre los clientes por conseguir su ansiado elemento.
Tras comprobar sobre los mostradores, que apenas quedan una decena de juegos de cadenas y de que ninguna coincide con el diámetro de las ruedas de nuestro vehículo, sólo nos queda esperar a que escampe.
Salimos al exterior del centro comercial y en menos de cinco minutos, comienza a haber un movimiento incontrolado de gente que, velozmente, alcanzan sus vehículos para continuar la ruta: señal de que la carretera, se había abierto. Sin pensárnoslo dos veces, hacemos lo propio y continuamos el viaje.
A pesar de haber retirado gran parte de la nieve acumulada en la calzada, las bajas temperaturas, en esos momentos y hasta llegar a Madrid no superamos los 0º centigrados, el miedo a pisar alguna placa de hielo hace que la travesía sea lenta. Sólo habilitan un carril para circular. La caravana de coches y camiones, circulan en procesión, a una velocidad media que no superaba en ocasiones los 60 km/h.
Pues así, en procesión, llegamos a la entrada de Madrid. Por el camino imágenes que quedan en la retina por su belleza inusual. Y la experiencia de vivir una nevada de grandes dimensiones al volante.

Aprovecho estas líneas, para agradeceros vuestra fidelidad y para desearos unas Felices Fiestas y un buen año 2.010.


















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